Pese a la firma reiterada de decretos interinstitucionales y convenios de colaboración entre dependencias federales y estatales, el abatimiento hídrico en la cuenca de Pátzcuaro exhibe la debilidad de la vigilancia ambiental en campo. La normativa vigente en la Gaceta Oficial contempla sanciones severas para la extracción ilegal, pero los expedientes administrativos permanecen estancados.
Inspecciones inconclusas y vacíos de jurisdicción
La concurrencia de facultades entre la Comisión Nacional del Agua y las dependencias estatales de medio ambiente genera una zona gris aprovechada por aprovechamientos no regulados. Los comités de vigilancia de las comunidades ribereñas han documentado tomas clandestinas continuas sin que medie una intervención pericial oportuna que asegure la clausura inmediata de bombas extractoras.
El reto de la rendición de cuentas ambiental
Recuperar el equilibrio hídrico exige abandonar las campañas mediáticas de rescate y sustituirlas por auditorías públicas sobre las concesiones de aprovechamiento superficial y subterráneo. Sin un registro público digitalizado y verificable de tomas autorizadas, cualquier plan emergente corre el riesgo de diluirse en subsidios sin resultado ecológico mensurable.
